viernes, 16 de junio de 2017

Viento del Este, viento del Oeste, de Pearl S. Buck


Esta novela es, sin duda, la más conocida de la Premio Nobel norteamericana y contiene, como muchos de sus libros, el deseo que presidió la vida y la obra de la autora: el entendimiento entre las gentes de distintas razas.
La novela está dividida en dos partes; la primera consta de 10 capítulos, la segunda de 11. El lazo que las une es el nacimiento del hijo de la protagonista.
El relato comienza con esta frase: “Habla una mujer china”.
Es la joven Kwei-lan que se dirige a una amiga –a la que llama hermana-, y que, según ella, es la única que puede comprenderla.
Fácilmente se entiende que esta amiga es la autora y, a través de ella, el destinatario: el lector.
Kwei-lan, joven perteneciente a una ancestral y acomodada familia china que vive en una vieja ciudad del Reino Central, acaba de casarse con el hombre que sus padres le habían asignado como marido antes de que ella naciese.
Las familias de los dos eran amigas y quisieron sellar la amistad con el enlace de sus hijos.
Pero la recién casada, aunque sigue totalmente las enseñanzas y consejos de su madre de como una mujer china puede hacer feliz a su marido, observa entristecida que sus esfuerzos no sirven de nada y que no logra atraer la atención de sus esposo.
Él, descendiente también de una rica familia tradicional, ha estudiado en Norteamérica y este circunstancia ha cambiado su modo de ver la vida y el amor.
Tras la boda, el novio, ante la sorpresa de sus padres decide no vivir en la casa de éstos, sino tener casa propia y mantenerse con el ejercicio de su profesión: la Medicina.
Ella acepta todo, a pesar de que rompa completamente sus esquemas porque su propósito es lograr hacerlo feliz.
Los primeros tiempos son difíciles y falta comunicación entre los esposos, lo que agudiza la soledad de Kwei-lan. Ella añora la casa de sus padres; la nueva casa es pequeña y no puede colocar todos sus recuerdos, e incluso subir y bajar las escaleras con los pies vendados es para ella una terrible dificultad.
Hasta que un día sus esposo, al verla triste le propone recorrer juntos un nuevo camino lleno de dificultades pero en el que los dos se implicarán de igual modo.
Y la primera adversidad será la petición del esposo de que se quite las vendas de los pies; ella, que sufrió de niña para mantenerlos pequeños, tendría que volver a sufrir desandando el camino; pero, por amor, consiente en ello y por amor su marido, como médico, le ayuda en el proceso.
Ella dice ahora, feliz a pesar de todo, “Ya no estoy sola, allí donde está él está mi hogar”.
La felicidad culmina con el embarazo y nacimiento de un niño, al que fieles a su decisión, educarán ellos y no los abuelos paternos como manda la tradición.
En la segunda parte, el problema se traslada a otra pareja: Kwei-lan tenía un hermano mayor, y por lo tanto, heredero de toda la fortuna, que también ha estudiado en el extranjero. Su hermano estaba prometido desde su nacimiento con una niña de la familia Li; pero él se ha enamorado de la hija de uno de sus profesores americanos y se ha casado allí con ella.
Kwei-lan y su esposo, al principio no admiten esa situación, pero acaban aceptándola y los acogen en su casa, y les ayudan en sus dificultades.
La madre de Kwei-lan, la Gran Primera Dama, no cede ante las pretensiones de su hijo y el padre,- que es un irresponsable – elude como puede el problema poniendo como pretexto sus negocios y sus viajes.
A la vez la Gran Dama enferma y por fin accede a acoger en su casa a su hijo y a la extranjera, pero en un pabellón aparte. El drama se desencadena cuando la muchacha extranjera se queda embarazada. Y mientras avanzan los meses de gestación avanza también la enfermedad de la abuela, que muere sin llegar a conocerlo y a aceptarlo.
Tras los funerales el padre, que parecía más dispuesto a admitir el matrimonio de su hijo, ahora es el primero en oponerse; como consecuencia, el muchacho decide abandonar la casa de sus padres y vivir de su trabajo de profesor.
El pequeño nace colmando de felicidad a sus padres y a sus tíos, y Kwei-lan cuenta lo hermoso que es su sobrino y como los cuatro han sabido superar las diferencias de raza y de educación.
Opinión personal
En esta novela en la que la autora nos muestra el amor que tiene a aquella tierra donde pasó tantos años de su vida, es un canto al amor entre los esposos, a la familia, al progreso y a la libertad.
Los personajes femeninos de la obra: la Gran Primera Dama, Kwei-lan, e incluso la doncella de la familia Yang  (Wang – Da – Ma), que al morir su ama y marcharse el hijo del hogar de sus padres, decide ir a servirle a él y a su esposa porque cree que mantienen el espíritu de la familia, son lo más hermoso de la obra, junto con el sentido del amor de los dos matrimonios jóvenes.
En nuestros días sigue vigente la obra de Pearl S. Buck y nos acerca a un mundo culturalmente alejado al nuestro y al que deseamos conocer.


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